Ya después, solté sus ataduras de la cama y también la de sus manos que ya estaban literalmente moradas, ella solo sollozaba, la deje descansar cinco minutos Y la voltee boca abajo y ate de nueva cuenta sus manos a la espalda y era lógico que ella ya se quejaba de las marcas en sus muñecas y tobillos a lo cual hice caso omiso, y de nueva cuenta junte pies y manos para volver a anudar a su espalda, así la deje un buen rato mientras yo preparaba la cama para la siguiente atadura, ella tan solo suspiro.